El Cielo para la Cunshi Carajo!
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Plano sobre la iglesia: se establece el escenario de la película: la Hacienda. Los personajes que darán vida al relato pertencen a este universo. El hacendado, el cura, el teniente político, y el huasipunguero.
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Un perrito paralítico sube las escalinatas de la Iglesia. Un cura lo persigue, le lanza piedras, ahuyentándolo de la iglesia, aparece Andrés Chilliquinga al fondo, cruzándose con el perrito. También cogea. Se genera un paralelismo entre los dos. El indio es lo mismo que un animal: los miserables no son bienvenidos en el reino de dios. Andrés ingresa a la Iglesia para pedir cristiana sepultura para la Cunshi.
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El cura y Chiliquinga salen de la iglesia y van a recorrer los cementerios. Del más cercano al cielo al más miserable.
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Vemos el primer cementerio. Las cruces y al fondo, la iglesia
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Van al segundo cementerio, alejándose de la iglesia, abajo de sombras de eucaliptos, el plano está en picada.
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Caminan al tercer cementerio, atraviesan sombras de pinos, puntas de pencos y un muro en ruinas, el terreno es irregular.
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Salen del tercer cementerio y Andrés Chiliquinga se aleja. Su rostro está opacado por el sol. Dificilmente trepa una cuesta. Su rostro atraviesa los pencos, está roto, sufre.
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Llega a ver al cuerpo de la Cunshi. Se saca el sombrero para entrar a la choza. La cámara lo sigue por tras y entramos. El siguiente plano es el rostro muerto de la Cunshi, iluminado con una vela, lo que le confiere gran dramatismo. Andrés llora. La iluminación es mínima. Close ups sobre las expresiones.
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Sale Andrés de la choza, a resolver el problema. Se lo ve cruzando un campo. Su cuerpo emponchado, contrasta con el blanco del cielo, fundiéndose con el perdil de la loma. Este motivo se repite. El cielo blanco, la iglesia blanca y el cuerpo negro del huasipunguero.
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Andrés espera atrás con una soga mientras pasa el ganado, entonces amarra a una vaca por los cuernos y se la roba.
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Se ve el paisaje, y finalmente aparece al fondo Andrés, se entiende que regresa del mercado. Saca el dinero de los bolisllos. Finalmente, con su hijo se acerca donde el cura, que les da la bendición. Le paga. Fundido a blanco.
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Un nuevo escenario, la plaza de la Hacienda. El hacendado camina inquieto de izquierda a derecha. Entran en escena policías. El capitan escucha la denuncia del patrón. El patrón le da órdenes, enfáticamente, como si fuera su empleado.
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Los policías se van en busca del ladrón. Alejándose de la cámara y el patrón aparece de espaldas en primer plano, dando la orden.
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La comunidad está reunida en la plaza, todos con sus ponchos, al fondo el pajonal. Luego americano sobre el patrón, sentado y el cura, de pie a su lado y los policías atrás. Este es un plano muy significativo pues aparece la coalición de los tres poderes: el económico (propiedad privada), espiritual (la iglesia) y el estado (los grupos represivos).
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La policía trae a Andrés Chiliquinga. La comunidad observa atónita. Lo masacran en el suelo. La escena es muy violenta, y al imagen de esta violencia se camufla atrás del polvo que levanta la acción. Lo despojan de su ropa. Lo amarran por los pulgares. En contrapicada se ve como lo yerguen por los pulgares, mientras grita de dolor. Queda suspendido en el aire, ante la mirada atónita de los comuneros y el capataz de la hacienda procede a latiguearle la espalda con gran violencia. Un niño, el huérfano de la Cunshi, intenta intervenir, sujeta al capataz por la pierna. Y proceden a apalearlo también. Sigue el fustigamiento de Andrés Chiliquinga. La cámara su acerca sobre su rostro sufriente.
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De nuevo en el interior de la choza, el niño recibe los cuidados, Andrés le cura la espalda herida. Su rostro padece. Las manos son centrales en esta escena. Chiliquinga abraza al hijo y sus manos sobre la espalda del niño son extremadamente expresivas. Sobre el grito desesperado del huasipunguero se termina la película